Preguntas infrecuentes


pi-044: "Lithops, sobre su (im)pureza de sangre, o cómo las abejas hacen lo que les da la gana"

Noviembre de 2015


Hace unas cuantas semanas me llegó un mail de un coleccionista sudafricano de Lithops pidiéndome semillas. Yo le respondí, contándole que no me dedico a esto profesionalmente y que sólo tengo un pequeño banco de semillas (casi me da vergüenza llamarlo banco de semillas) con las semillas que produzco yo mismo y con las que voy comprando en sitios de confianza (como el BCSS y el MSG) o a algunos cultivadores y/o viveros que me parecen seguros. Al final de mi mail le decía que me sorprendía mucho que un sudafricano, que vive en el país de origen de este género, estuviera buscando semillas fuera de su propio país y él me respondió con una lógica aplastante: "me fio mucho más de que no haya hibridaciones en semillas compradas en Europa, Asía o América que de las que puedo conseguir aquí".

Ya hemos hablado antes sobre los insectos capaces de polinizar a los Lithops (véase: "Polinizadores de los Lithops"), así que nadie puede extrañarse de que insistamos ahora en lo difícil que es, para cualquier coleccionista de plantas de este género, conseguir semillas de "Lithops puros".

Los insectos no distinguen entre las distintas especies, así que, si tenemos próximos entre sí ejemplares en flor de distintas especies de Lithops, el riesgo de que se produzcan polinizaciones hibridadas es muy alto. Los insectos andarán volando de flor en flor y trasportarán polen desde los estambres de una de ellas hasta los lóbulos de otra, independientemente de que sean ejemplares de dos especies diferentes.

En la Naturaleza los Lithops crecen en colonias de ejemplares de la misma especie por lo que, cuando los insectos hacen las polinizaciones, lo más probable es que se produzcan polinizaciones entre plantas de la misma especie. Para que, en plena Naturaleza, se produzca un ejemplar híbrido, la abeja (o el insecto que sea) polinizadora tendría que recoger el polen en una flor de una colonia y volar varios cientos de metros, puede que incluso miles, hasta depositar ese polen en una flor de otra colonia de Lithops de una especie diferente. Cosa improbable, aunque no imposible. Por eso, lo más normal es que la mayoría de las semillas que recolectemos en la Naturaleza sean puras. ¡Pero sin garantías!

¿Qué pasa cuando cultivamos Lithops en nuestra casa? . . . Pues pasa que lo normal es que tengamos juntos a ejemplares de diferentes especies por lo que, las abejas tendrán mucho más fácil trasportar polen entre flores de ejemplares de especies diferentes (hablo siempre de abejas porque estas, junto a las avispas, son los mayores polinizadores naturales de los Lithops).

Si pretendemos conseguir semillas puras tenemos dos estrategias básicas para lograr que no se produzcan hibridaciones:

Hay una cosa, tanto en un caso como en otro, que juega a favor de que no se produzcan polinizaciones hibridas: las flores, una vez que han sido polinizadas, tienden a secarse rápidamente, evitando así que se produzca una polinización con polen procedente de ejemplares lejanos.

En todo caso, yo no puedo garantizar que las semillas que produzco no sea hibridas. Hago todo lo que puedo porque no lo sean, pero cuando pasan cosas como la que vamos a ver a continuación siempre me entran dudas:


(c) Manolithops
foto nº 1
Hace un par de días vi como una abeja se afanaba con el polen de mi Lithops karasmontana (orange) de tres cabezas, que ya llevaba varios días con las tres flores abiertas.


(c) Manolithops
foto nº 2
Me acerqué un poco más y pude comprobar que esta abeja tenía, en las patas traseras, lo que parecía ser una excelente musculatura . . . ¡de color amarillo!


(c) Manolithops
foto nº 3
Obviamente no eran músculos sino polen . . . ¡una buena cantidad de polen procedente de mi Lithops karasmontana (orange) . . . y puede que de algún otro Lithops de mi colección . . . ¡incluso puede que de algunas flores de otras plantas de cualquiera de mis vecinos! . . . ¡quien sabe en cuantas flores habría estado antes de que yo la viera!


(c) Manolithops
foto nº 4
Finalmente la abeja se marchó volando . . . ¡con dos bolas de polen, una en cada una de sus patas traseras! Al contraer las patas traseras para volar el polen se concentraba formando dos bolas perfectas (en la foto sólo se ve una de ellas). Pulsé rápidamente el disparador de la cámara y tuve la suerte de "pillar" a la abeja en pleno vuelo mientras, una de dos: o bien regresaba a su nido, o bien continuaba en busca que mas flores para hacer más grande "su cosecha".


Después de ver esta escena me vino a la cabeza lo difícil que es garantizar nada en la Naturaleza que, siempre, absolutamente siempre, tiene sus propias ideas. Lo que sí hice inmediatamente fue buscar más información sobre la relación existente entre las abejas y las flores, más que nada porque sabiendo eso siempre podré aprender algo nuevo en relación con la polinización de mis Lithops. Pongo a continuación un resumen elemental (frases sueltas), sin entrar en rigores biológicos, de lo que leí:


Las abejas dependen del polen como fuente de proteínas y del néctar de las flores como fuente de energía. Las hembras adultas recogen polen (sobre todo para alimentar a sus larvas), aunque los adultos también se alimentan de él y del néctar.

El cuerpo de las abejas suele ser muy velludo (una evolución para facilitar la recolección del polen). Muchas abejas tienen en las patas posteriores unos grupos de pelos que forman una especie de cestillo con el que ayudan a la recolección del polen que se deposita en todo el cuerpo. Otras abejas transportan el polen en un grupo de pelos situados en la parte inferior del abdomen. El polen que inevitablemente pierden al ir de flor en flor es importante para las plantas porque parte de él cae sobre los pistilos de otras flores de la misma especie, produciendo una polinización cruzada. Las abejas son los principales insectos polinizadores.

Una gran mayoría de las especies de abejas son solitarias: cada hembra hace su propio nido y almacena provisiones para sus larvas. Algunas abejas, en cambio, son comunales. Son como las abejas solitarias, pero varias hembras pertenecientes a la misma generación comparten el mismo nido, construyendo cada una sus propias celdillas para alojar los huevos, larvas y pupas. Unos cuantos tipos de abejas son semisociales: viven en pequeñas colonias, de dos a siete miembros de la misma generación, formadas por una reina, o principal ponedora, y por varias trabajadoras.

Probablemente sean 1.000 o más las especies de abejas que viven en pequeñas colonias formadas por una reina y unas cuantas hijas trabajadoras, entre las que las castas son casi indiscernibles. Estas especies forman colonias provisionales que suelen disgregarse en otoño; sólo la reina sobrevive al invierno. Los abejorros son un ejemplo familiar. Las abejas eusociales ('realmente sociales') viven en grandes colonias formadas por hembras de dos generaciones: las madres (reinas) y las hijas (trabajadoras); los machos no desempeñan papel alguno en la organización de la colonia, pero son importantes para fecundar los huevos.

Las abejas primitivas, como las avispas de las que surgieron, son especies solitarias. Cada hembra construye su propio nido y sus celdillas, y llena cada una de éstas con una masa de polen humedecido con néctar o aceite. Cuando en una celdilla hay alimentos suficientes para alimentar a la larva hasta que alcance la fase adulta, la hembra pone un huevo en su interior y luego la sella antes de construir una nueva celdilla.

Las abejas comunales hacen nidos y celdillas similares, pero en su caso, cada nido (por un túnel excavado en el suelo) está ocupado por varias abejas. Las abejas semisociales y las eusociales más primitivas hacen también nidos y celdillas como los de sus parientes solitarias, pero la construcción y aprovisionamiento de éstas es, a menudo, una tarea conjunta.

El tercer par de patas de las abejas se encuentran situadas en el metatórax y son las más grandes. Estas patas tienen los dispositivos para almacenar el polen y propóleos, llamadas corbículas o "cestillos" del polen, que se encuentran en la parte exterior de la tibia, estos cestillos tienen unos pelos fuertes y algo curvados, lo que les permite retener el polen o propóleos recogidos de las flores o de los brotes que visitan las abejas, después de ser amasado con las mandíbulas. Los “cestillos” del polen solamente los tienen las obreras, por el contrario las reinas y zánganos carecen de ellos por no necesitarlos.


Para terminar una sugerencia: ¡Nunca mates a una abeja! Hay pocas - en algunos sitios están desapareciendo - y son muy útiles, tanto para los cultivadores de plantas como para todo el mundo en general: sin las abejas las plantas tendrían mucho más difícil reproducirse.